domingo, 8 de agosto de 2010

Capitulo 3: Comienza el viaje. Parte V

- “Madre, necesito saber quien soy en realidad.” – Dijo Gabriel a Marlene.
- “Lo sé hijo mío, lo sé. Pero ya te conté como llegaste hasta mí. Lo del río, lo de la cesta…, todo. Yo no puedo decirte nada más.” – Respondió apenada
- “¿Y si fuera al oráculo que me dijo aquel anciano? Quizás hallo respuesta a mis preguntas.”
- “No sé si es buena idea Gabriel. El oráculo está lejos de aquí. Es un viaje largo, peligroso. Quizás nunca vuelvas a casa.” – Respondió ella, casi llorando, sabiendo que Gabriel iría al oráculo, y que no era una empresa fácil de resolver, y que posiblemente no volviera a verle nunca.

Gabriel se acercó a ella, y la estrechó entre sus brazos.

- “Siempre serás mi madre.” – Dijo con ternura.

Marlene no pudo reprimir las lágrimas que brotaron de sus ojos.

- “Está bien. Mañana por la mañana prepararemos las cosas para tu viaje.” – Resolvió definitivamente Marlene.
- “¡Yo también voy!” – Gritó Daniel.
- “No. Tú te quedas aquí. No podemos dejar a nuestra madre sola.”
- “Venga hermano, no pensarás que te voy a dejar solo en este viaje en el que es mejor ir acompañado por si surge algún peligro.”
- “Tiene razón. Será mejor que vayáis los dos juntos. Así será más difícil que os ataquen los bandidos.” – Dijo Marlene.
- “Pero madre…” – Replicó Gabriel.
- “No hay nada más que hablar, Gabriel. Tu hermano irá contigo. Yo aun puedo arreglármelas sola. Así pues, mañana por la mañana prepararemos vuestro viaje. Pero vamos, ¡marchaos a la cama!, debéis descansar antes de partir.”

Al rato, la cabaña quedo a oscuras en mitad de la silenciosa noche. Todos dormían. Menos Gabriel, que apenas durmió esa noche pensando en el viaje que tenía que emprender. Las preguntas pasaban sin cesar por su cabeza. ¿Quién…? ¿Por qué…? ¿Cómo…? Y todas sin respuesta. Pero eso sería por poco tiempo.

* * *

A la mañana siguiente, los tres se levantaron al cantar el gallo. Marlene preparó un par de sacos con comida para varios días y ropa, más el viejo mapa que tenía de la región, y algo de dinero que había podido guardar en aquellos años, los cuales metió en el saco de Gabriel. A medio día todo estaba listo para partir.

- “Te echare de menos madre.” – Dijo Daniel.
- “Y yo a ti hijo.” – Respondió ella mientras le daba un abrazo.

Después, se acercó Gabriel. Miró por un momento a los ojos de la que había sido tantos años su madre. Marlene dejó escapar alguna lágrima. Se abrazaron entonces. Las palabras sobraban.

- “Siempre serás mi hijo.” – Dijo ella al fin.
- “Te voy a extrañar, mama.” – Respondió él.
- “Es hora de partir, Gabriel.” – Interrumpió Daniel.

Cogieron entonces los sacos, se despidieron definitivamente de su madre. Y partieron rumbo del oráculo de Frissia. No sabían que era lo que les deparaba el destino y aquel viaje, pero ambos estaban convencidos, de que no sería fácil.

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