viernes, 30 de julio de 2010

Capitulo 2: La profecía. Parte II

El guardia corría presuroso hacia la puerta de la habitación por aquel largo pasillo, oscuro, iluminado por antorchas, que hacían más siniestro el lugar, donde los altos ventanales reflejaban el color de los cortinajes rojos que los cubrían. Escuchaba a lo lejos las risas y los gemidos de placer. Sabía que había órdenes de no molestarle pero la ocasión lo requería, debían recibir órdenes nuevas ahora que el prisionero había muerto. Llevaban mucho tiempo esperando este momento, y el señor se alegraría.

Cuando estuvo delante de la puerta, se quedó allí un rato meditando si finalmente debía interrumpirles o debía esperar al día siguiente. Detrás se escuchaban los ruidos del juego del arte del amar. Suspiró profundamente, y acto seguido, entró.

***

Había estado corriendo toda la tarde, y no sabía bien donde se encontraba. La noche además había caído ya, y tan solo la luna llena iluminaba sus pasos. Gabriel, sabía que estaba corriendo un grave riesgo al andar por el bosque a esas horas de la noche, pues había animales de todo tipo que si lo encontraban, no dudarían en atacarle para saborear su carne. Pero no tenía miedo, y ya estaba cansado de tener que estar encerrado en aquella cabaña sin acercarse ni a nada ni a nadie.

Dejó de correr, ahora simplemente caminaba con cuidado para no tropezar con alguna roca, pues la noche se había vuelto algo más oscura debido a las nubes que comenzaron a ocultar la luna. De repente, escuchó un ruido. No sabía bien de donde podía venir, ni quién o qué era. Se quedo quieto, sin hacer nada para tratar de que lo que fuera aquello no le encontrara.

Pero volvió a escuchar otra vez el ruido, como de ramas secas que se rompían al ser pisadas por alguien, o algún animal. Cada vez lo escuchaba más cerca. Atemorizado, Gabriel comenzó a correr sin saber muy bien por donde.

Estaba huyendo y no sabía bien de qué, pero lo que fuera aquello le seguía de cerca, le perseguía, iba detrás de él. Cada vez trataba de ir más rápido

- “Debe ser un lobo.” – Pensó mientras corría jadeante por el cansancio, pues eran ya varias horas las que llevaba corriendo, y ahora debía volver a hacerlo, y además, hacía tiempo que no probaba bocado.

Lo que fuera, estaba cada vez más cerca. La cara de Gabriel dejaba entre ver el miedo que se apoderaba por momentos de su razón, debía huir de allí, pero no sabía ni siquiera donde estaba. Por un momento, pensó en plantar cara al peligro que le acechaba, pero el ruido cada vez era más cercano, casi podía escuchar la respiración agitada de aquel ser que le acosaba. Pero de repente, piso algo que le hizo resbalar y cayó por un barranco. En la caída recibió un golpe en la cabeza, y Gabriel, quedó inconsciente a merced de lo que le perseguía y del resto de animales que habitaban el bosque por la noche.

No hay comentarios:

Publicar un comentario