martes, 27 de julio de 2010

Capitulo 1: Una nueva vida. Parte III

El río siguió su curso inexorablemente, llevándose consigo lo más preciado de su vida. Se quedó arrodillada en la orilla llorando, observando como el río se perdía en la distancia. Ya había amanecido. El sol alumbraba con sus rayos las hojas de los árboles que brillaban mojadas por las gotas de rocío mezcladas con las últimas gotas de lluvia que aún caían. Se escuchaba el canto de los pájaros que habitaban en aquellos bosques. La noche fría dejaba paso a un esplendido día sin nubes.

No sabía cuánto tiempo llevaba allí, pensando en que pasaría a partir de ahora, ni siquiera podría saber si su hijo se salvaría. De repente, algo la sacó de sus pensamientos. Miró a su alrededor, pero no vio nada. Se sentó de nuevo junto a las piedras de la orilla del río. Sabía que venía a por ella, y decidió esperarle allí sin más, estaba cansada de luchar, huir, y ya nada le importaba; había tenido que abandonar a lo que más quería, y sin él, nada tenía sentido.

Escuchó entonces el cabalgar de un veloz caballo. Se acercaba de prisa. Se levantó y miró hacia los árboles del fondo. Solo veía la luz del sol penetrando entre las ramas, y de fondo, el cabalgar de un caballo. Miró entonces al cielo y elevó una súplica. Sabía que su final había llegado. Entonces apareció, un caballo negro, con las crines despeinadas por el viento que las azotaba al cabalgar con tanta velocidad. Avanzaba majestuoso entre la maleza. Cuando se halló en frente de ella, el jinete, descabalgó de su montadura. Mojado por la lluvia que había caído esa noche, sus ropajes negros parecían aún más pesados, el pelo despeinado, largo, cubriéndole la cara, pero aún así, podría dibujar la cicatriz de su cara. Conocía perfectamente la historia de esa cicatriz.

El caballero oscuro se acercó a ella, pausadamente, y cuando la tuvo delante, la miró a los ojos, y acto seguido, la golpeó con todas sus fuerzas, tirándola al suelo. Ella soltó un pequeño gemido de dolor, pero aún así se puso de pie de nuevo.

- “Ya no me das miedo” – musitó.

Entonces él se abalanzó sobre ella, y la agarró por el cuello, apretándolo bajo sus manos.

- “Pues debería, podría matarte si quisiera” – le respondió él.
- “Mi vida no es la que te interesa, no es a mí a quien buscas”
- “¿Dónde está? ¿Dónde lo has escondido?”

Ella guardó silencio.

- “¡Te estoy preguntando!” – Gritó mientras la zarandeaba apretando aún más su cuello – “¿Dónde está? ¿Quién lo tiene?”

Ella sacó fuerzas de donde pudo y le miró fijamente a los ojos, recorriendo con la mirada después su cicatriz, y acto seguido, le escupió en la cara.

- “¡Maldita! Pagaras caro tu ofensa” – Dijo mientras le volvía a golpear fuertemente.

Ella calló de nuevo al suelo, golpeándose la cara con una de las rocas del río. Trató de incorporarse, pero no pudo, estaba mojada y se resbalaba. Notaba como un líquido recorría su cara. Era sangre. De repente, escuchó como el caballero oscuro entraba en el cauce del río, acercándose a ella por la espalda, mientras desenvainaba su espada. Ella comenzó a llorar, sabía lo que iba a ocurrir de un momento a otro.

Los pájaros levantaron el vuelo asustados por el tremendo grito que se escuchó en todo el bosque rompiendo el silencio de la mañana. El agua del río, ya no era pura y cristalina. Ahora la luz del sol, reflejaba la tonalidad rojiza del agua en su luz.

Lejos de allí, el llanto de un bebe se escuchaba también.

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