La tensión se respiraba en el ambiente. Daniel estaba bastante enfadado con su hermano por el modo en el que le había hablado Gabriel a su madre y después había huido. Jamás se habían enfrentado así, y Marlene no sabía cómo tranquilizarlos.
- “Hermano, se que me he portado mal, pero por favor, tengo que contaros algo que me ocurrió en el bosque.” – Dijo Gabriel.
- “Yo te voy a decir lo que te va a ocurrir ahora Gabriel.” – Replicó Daniel en tono amenazador.
- “¡Basta! ¡Basta ya!” – Grito Marlene, mientras comenzaba a llorar de desesperación ante el inminente enfrentamiento entre los hermanos.
Justo entonces Daniel levanto uno de sus puños para golpear a Gabriel, cuando un ruido llamó la atención de los tres que allí estaban. Se escuchaba el galopar de varios caballos.
- “Madre, son caballos” – Dijo Daniel mientras miraba atónito a su madre.
- “Es extraño que por aquí pase alguien, y más a estas horas” – Respondió Marlene.
Daniel, casi por inercia, soltó a su hermano y salió fuera de la cabaña a ver si aquellas personas estaban cerca. Marlene y Gabriel le siguieron, saliendo también. Vieron entonces como unas luces, de un carruaje y de las antorchas que llevaban aquellos iluminaban el camino que pasaba cerca de la cabaña.
- “Rápido niños, ayúdenme a apagar las luces de dentro” – Dijo en voz baja Marlene.
Rápidamente la cabaña quedó a oscuras para evitar que fueran atacados, pues podían ser ladrones. Pero aquel extraño cortejo siguió de largo. Daniel y Gabriel se miraron, y no pudieron reprimir su curiosidad, y siguieron las luces y el cabalgar de los caballos en mitad de la noche. No atendieron a la llamada de Marlene que les decía que volvieran a la cabaña.
Corrieron poco tiempo, pues el cortejo se detuvo. Se acercaron sin hacer mucho ruido escondidos entre la maleza del bosque, protegidos por la oscuridad que reinaba en aquellos parajes tan profundos. Cuando se acercaron, pudieron comprobar asombrados que eran guardias del palacio todos los que iban. No había ningún civil. También fueron sorprendidos al comprobar que era lo que llevaban en el carruaje. Comprendieron entonces por qué algunos cavaban un hoyo allí en medio del bosque. Su cometido era enterrar a algo o alguien.
Gabriel y Daniel se miraron sorprendidos, no daban crédito a lo que estaban viendo, y al mirarse, ambos pensaron exactamente lo mismo.
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