- “Mi Lord, ya sé que…”
- “¡Eres un estúpido que no entiende mis órdenes!” – Replicó aquel hombre mientras salía desnudo de la cama.
Era de complexión fuerte, alto, de piel blanca, pelo negro largo. Su mirada de ojos negros podía atravesarte el corazón y hacer que dejara de latir ante su frialdad.
El hombre se abrigó con una bata de color negro. Aprovechando que estaba de espaldas y no podía ver lo que hacía, el guardia decidió mirar a la mujer que estaba metida en la cama, algo avergonzada por la aparición tan repentina de él. Su piel era blanca como la nieve, tenía un esbelto cuello, una larga melena rubia, ojos celestes, y a pesar de que se tapaba con las finas y suaves sabanas de sedas, se adivinaba el dulce tacto de sus pechos. Pero apartó la mirada, no quería más problemas con su Señor.
- “¿Y qué dices que es tan importante como para venir hasta mi aposentos a interrumpirme?” – Preguntó Lord van Rocvorik.
- “Mi Lord, el prisionero, ha muerto”
- “¡¿Qué?!” – Preguntó sin dar crédito a lo que el guardia le acababa de decir. Se puso el cinturón para ceñirse aquella bata oscura, y se giró, acercándose con paso ligero al guardia. Cuando lo tuvo frente a frente, le preguntó:
- “¿Cuándo?”
- “Hace unos momentos, mi Lord. He venido con toda la urgencia posible” – Respondió el guardia.
- “Esta bien, bajemos a las mazmorras a verlo” – Dijo tras una pausa, sin poder evitar dejar entre ver cierta alegría.
Lord van Rocvorik, tras despedirse de aquella dama que se encontraba en su cama, salió de la estancia. El guardia le siguió, pero se detuvo a cerrar la puerta, dejando que su señor se adelantara un poco en dirección a las mazmorras. Cuando hubo cerrado la puerta, se giró, y cuando quiso darse cuenta, estaba de espaldas contra la puerta, sujetado por el cuello, elevado unos pocos centímetros sobre el suelo, y con aquella cicatriz delante de él.
- “Mi Lord, me… me está…ahogando” – Pudo decir no sin esfuerzos, mientras cada vez le resultaba más difícil respirar.
- “Si vuelves a mirarla, o desearla, te juro que no sobrevivirás” – Respondió van Rocvorik.
El guardia asintió con la cabeza asustado y desesperado, mientras su rostro desencajado se ponía cada vez más rojo ante la falta de oxigeno.
Van Rocvorik lo soltó, dejándolo caer al suelo. El guardia quedó de rodillas, mientras se llevaba las manos al cuello dolorido por la presión de las manos de su señor, tosiendo por la falta de aire. Se incorporó como pudo, y se apresuró a alcanzar a van Rocvorik que se dirigía ya hacia los calabozos. Lo alcanzó cuando estaba en la entrada, ante una escalera de caracol iluminada por algunas antorchas, una escalera angosta, donde un pequeño resbalón podía resultar bastante grave. Los dos bajaron varios pisos por aquellas escaleras, que les condujo, a la zona más fría, sombría y lúgubre.
Penetraron entonces por un pasillo estrecho también, no muy alto, mientras se incorporaba a la comitiva de van Rocvorik y el guardia otro compañero del segundo, con una nueva antorcha para iluminar el camino, un camino donde las ratas corrían en busca de refugio ante los nuevos visitantes, algo inesperados, pues no era habitual que nadie pasara por aquel lugar tan profundo de las mazmorras.
El frío calaba en los huesos, la humedad era casi palpable. Y el olor pestilente de un cadáver, se hacía cada vez más fuerte.
:O
ResponderEliminarya puedo comentar!!
Ahora no te vas a poder librar de mis comentarios..
y tranquilo..
que ya me aré un blog
de cocina..
o de sexo..
o ya vere! muahaha! XDDDD
Bueno que estoy en blanco
no se me ocurre que poner! :$
Chau!